Cuando aprehendieron al General Escobedo, sus amigos se quejaron con el Presidente Díaz sobre la falta de consideraciones hacia su víctima política, que había sido el más inteligente de los generales durante la guerra de la Intervención y del Imperio, y una de las más puras glorias del país. “Sí, respondió meditabundo el Presidente, estoy de acuerdo 먹튀사이트 con ustedes, y mi mayor deseo es verlo en el Panteón de los Hombres Ilustres”. Los que conocen cuál ha sido la suerte que han corrido los demás generales ambiciosos son los que pueden apreciar en todo su valor esa salida macabra.

El yerno del Presidente iba con frecuencia á tomar el lunch al Castillo de Chapultepec y siempre llegaba con retardo. Cuando por tercera vez trataba de disculpar su falta de puntualidad, achacando la causa al automóvil, el Presidente le dijo: “¿Acaso ignora Vd. que el automóvil requiere gasolina y no alcohol para su locomoción?”

En una ocasión Mrs. A. Tweedy preguntó á Porfirio Díaz cómo concibió la primera inspiración de ser presidente, y éste le respondió con el aire más inocente del mundo: “—Nunca la tuve.—Fuí meramante arrastrado á la posición que hoy ocupo, y con frecuencia me admiro al considerar cómo ha podido suceder”. Este es un rasgo clásico de humorismo, que acredita á Porfirio Díaz para candidato del Club de Ananías, ó sea el de los embusteros.

Nada es más divertido que ver á este déspota sin escrúpulos que “puso de su parte todo cuanto le fué posible para vivir y luchar sin capital moral”, sermoneando á hombres prominentes para hacerlos bajar uno ó dos grados cuando los ve demasiado presuntuosos y envanecidos.

[p. 143]El presidente y el abogado de la “Mexican Light and Power Co.” entablaron negociaciones para la absorción de otras dos empresas rivales. El Sr. Joaquín D. Casasús, prominente abogado y político de México, estaba interesado en los negocios de una de las compañías absorbidas. Aguardaba su “pot de vin” correspondiente de la transacción, pero Mr. Cahan no veía las cosas desde el mismo punto, y acostumbrado á la usanza antigua, á los escrupulosos métodos canadienses, objetó contra esta benévola forma de picardía. Unas cuantas semanas más tarde, Mr. Cahan fué invitado á visitar á Limantour, quien, en la acostumbrada manera mexicana política y cautelosa, comenzó á hacer la batida del matorral, como se dice en términos de montería. Cuando Mr. Cahan le pidió una explicación sincera, Limantour lo acusó francamente de que procuraba cohechar á jueces y á tribunales. Indignado Mr. Cahan, preguntó á Limantour si le hablaba como amigo ó como Ministro.—“Como amigo”, contestóle Limantour.—“Entonces, prosiguió Mr. Cahan, no tiene Vd. derecho para hacerlo, á menos que nombre Vd. á la persona que le ha traído este chisme.” Después de una larga discusión, mencionó Limantour el nombre de Mr. Scherer, y en el acto se dirigió Mr. Cahan á dicho individuo, para hacer averiguaciones, enterándose de que el responsable de aquella especie era Casasús. Este abogado no sólo repitió á Mr. Cahan sus vehementes protestas de amistad, sino que el mismo Cahan, al entrar en el despacho del abogado, vió salir á otro individuo que le enseñó el famoso cheque de $30,000, tanto por ciento arañado en la operación consabida, el que, según dijo, devolvía generosamente Casasús. Algo más tarde Limantour pidió á Mr. Cahan la correspondencia cambiada entre éste y las partes interesadas en la operación. Mr. Cahan rehusó al principio acceder á esa petición; pero ante la amenaza que le hizo Limantour de que la obtendría á toda costa, no tuvo más remedio que entregarla, y entonces se enteró Porfirio Díaz de todos los detalles del asunto.

[p. 144]En una fiesta que tuvo lugar poco tiempo después halláronse presentes Mr. Cahan y Casasús; después llegó el Presidente y rogó á Casasús que tuviese la bondad de servirle de intérprete para lo que quería decir á Mr. Cahan. Entonces el Presidente, por medio de Casasús, habló á Mr. Cahan del pretendido cohecho, y le dió las gracias por haber resistido con tanta firmeza la tentativa de soborno, así como por haber ido hasta el fondo del asunto con tanto denuedo y conforme á la honrada manera británica. Le reiteró las gracias también por el buen ejemplo que daba á los demás extranjeros, etc.—Porfirio Díaz no usó en esta ocasión como intérprete á su ayudante Pablo Escandón, quien habla correctamente el inglés, sino á Casasús, al ambicioso y orgulloso abogado, estrella de los “científicos”, para darle una lección sutil y efectiva.

Este es una rasgo característico de la diplomacia innata de Porfirio Díaz.

Como político latinoamericano, Díaz ha establecido un patrón y creado una escuela. Las repúblicas más importantes y más ilustradas, como Brasil, Argentina y Chile, no copian tales métodos, pues sus gobiernos son una oligarquía templada por la democracia; pero los directores de los Estados más pequeños y más atrasados, como Cabrera en Guatemala, Zelaya en Nicaragua, Castro en Venezuela, y Reyes en Colombia, son sus imitadores serviles. El último mencionado, Reyes, creyó que valía la pena pasar un año cerca de Díaz para iniciarse directamente en sus métodos.

Hagamos un breve examen de Porfirio Díaz como estadista.

Al principio de su administración preparó el reconocimiento de su gobierno inconstitucional, aceptando las reclamaciones por las deudas inglesa, francesa y de los Estados Unidos. Este fué sin duda golpe maestro, pues lo ponía en aptitud de hacer nuevos empréstitos, como el individuo que paga $5 para poder más tarde pedir prestados $20. Divinizó, ó, al menos, siguió el axioma del[p. 145] Barón Louis: “El Estado que aspira á tener crédito, debe pagarlo todo, hasta sus desatinos.”

Siguió por el cultivo de relaciones amistosas con los Estados Unidos. Esa política no sólo sirvió para robustecerlo en el extranjero, sino también para imposibilitar las revoluciones en la frontera. Para continuar libre de toda traba, como amo y señor del país, jugó una partida intrincada de ajedrez político, llegando á hacer trampas cuando el contrario se descuidaba, hasta que al fin quedaron en el tablero sólo el rey, la reina y unos cuantos peones.

Su ambición y la eliminación de todos sus rivales, concentraron por completo el poder en sus manos. Como dice Bulnes en alguna parte, si se deja á una casta y pura muchacha en un cuarto con diez sátiros, estará perfectamente segura y salva, pues que los sátiros se encontrarán ocupados en pelear los unos contra los otros; pero el peligro sería efectivo si la dejasen á solas con un sátiro. Así México puede ser comparado con una joven que permaneció libre y pura mientras varios sátiros políticos lucharon entre ellos mismos para obtener su posesión; pero en cuanto llegó Díaz y destruyó uno á uno á los sátiros, es decir á todos sus lujuriosos y ambiciosos rivales, la nación perdió su pureza y su libertad, convirtiéndose en su esclava y prostituta. En otras palabras, Porfirio Díaz ha llevado á cabo su obra esclavizadora, corruptora y antipatriótica de un modo tan completo y absoluto, que el Señor Iglesias Calderón se hizo el verdadero intérprete del sentimiento de multitud de mexicanos patriotas cuando dijo: “¡Sin libertades corremos un peligro más bochornoso que el de la desmembración de nuestra Patria por la fuerza de las armas, el de la desmembración traidoramente espontánea de quienes llegan á renegar de la Patria por amor á la Libertad!” Y un alto pensador sud-americano, Don Nicanor Bolet Peraza, ha dicho: “que el gran peligro para las naciones hispano-americanas no está en la colosal potencia militar de la Unión americana, sino en su admirable régimen de libertad que hace envidiable la con[p. 146]dición de ciudadano de los Estados Unidos de Norte América.”